1. Esta mañana, mayo de 1963, el periódico ha hecho algo más que
confirmarme la muerte de Alexei: ha abierto bajo mis pies el camino que
me conducirá hasta el fin. A partir de ahora, ya no será necesario que cada veintisiete del mes en curso llegue cargado con las velas de una tarta -a cuenta de Joseph en esta ocasión- para volverme un poco más consciente de que ese periodo llamado “juventud” ha dejado de pertenecerme para siempre. De aquí en adelante, mi día a día se convertirá en un continuo devenir de puertas que se cierran en las narices; probablemente, las mismas que hace años, meses, o apenas unas cuantas semanas la gente me abría de par en par con sólo acercar los nudillos. Y entonces ya no habrá nada que hacer. Simplemente, se acabó lo que se daba. Es imposible evitarlo. Nadie puede luchar contra ello. Ni siquiera yo. Por eso, con un nudo en las tripas, la resaca del champán embotándome la cabeza y el corazón hecho esquirlas de cristal por primera vez en mi vida, recojo el periódico del suelo -sin poder evitar que me tiemblen las manos al hacerlo-, y me dejo caer en uno de los sillones de enea que decoran la terraza de este famoso hotel de la Costa Azul donde ahora veraneo junto a Joseph, para devorar de nuevo con ojos ansiosos la noticia de la muerte de Alexei. A la venta en Fnac , Casa del Libro , Crisol y El Corte Inglés |
