Pinceladas de actos literarios, opiniones, ideas, y demás cositas curiosas que se me vayan ocurriendo
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publicado a la(s) 20/09/2010 15:16 por Nuria C. Botey
Y es que el premio de literatura LGTB más antiguo de la literatura española ¡¡celebra ya su décima edición!! Este año, además, lo hace de un modo especialmente significativo, al haberse concedido ex aequo a las novelas Dime que me amas, de Aída Argüelles y Los frutos prohibidos, de Antonio García Cánovas Como no podía ser de otro modo, la ocasión bien merece un poco de desparrame, así que si tienes ganas de pasar un buen rato el próximo jueves 22 de enero a partir de las 20 h, pásate por... LOLA BAR c/ Reina, 25 |
publicado a la(s) 20/09/2010 15:12 por Nuria C. Botey
Hace años, una compañera del colegio -romántica, ella- me explicó que el judaísmo sostiene la creencia de que todos debemos buscar nuestro "bashert "o "alma gemela", aquella persona con la que nos complementamos a la perfección. Una idea preciosa... Y muy muy poco práctica, teniendo en cuenta que a día de hoy somos 6 741 072 120seres humanos -bípedo arriba, bípedo abajo- sobre la faz de la Tierra. Lo que nunca se me había ocurrido es que una novela pudiera tener su bashert, ¡y mucho menos todavía en la misma editorial! Y sin embargo, mis chicos de Hollywood Life han encontrado a sus almas gemelas en una historia llamada precisamente Tu otra mitad
Un encuento fortuíto e inesperado que, como casi todas las grandes historias de amor de la Humanidad, estuvo a punto de no suceder...
En primer lugar, porque no tenía nada claro que Hollywood Life se fuera a presentar, visto lo que ocurrió con su antecesora, Los chicos de la Costa Azul. Al fin y al cabo, una presentación pública -por poca gente que vaya- implica desvelar la identidad que se esconde bajo el seudónimode Pablo Castro, y no sabía hasta qué punto estarían dispuestos a ello en Odisea. Afortunadamente, me equivocaba: a mediados de noviembre, José Antonio, el editor adjunto de la editorial, me llamó para decirme que presentaríamos la novela en diciembre, en un acto conjunto con otro autor. "Oh, oh", exclamé para mis adentros, ligeramente acongojada, pues he de reconocer que la colección que más me ha interesado de Odisea hasta la fecha es "Uranistas", compuesta por clásicos de la literatura LGTB como Genet, Gide, Holleran, etc. En cambio, ahora no sólo me tocaba leer el libro de otro autor de "Inconfesables", sino también presentarlo como si me pareciese una obra maestra... porque él iba a tener que hacer otro tanto con el mío. - Bueno, ¿y cuál es la otra novela? - me animé a preguntar - Sero, de Ibon Larrazabal
Casi no me lo podía creer: ¡la única historia que me ha llamado la atención del catálogo de este año! Mentalmente me prometí no comprar lotería de Navidad, porque me acababa de tocar el gordo. A los dos días de hablar con Jose, recibí el libro en casa... y comencé la lectura. Apenas tres días después, me volvían a llamar de Odisea. - Nuria, ha habido un pequeño cambio en la presentación de Hollywood... - Que, ya no se hace, ¿no? - No, no, por supuesto que se hace... Pero no con Ibon, sino con Tomás Ortiz y su novela Tu otra mitad, ¿vale? Te la mando hoy mismo. "Bueno, a lo mejor todavía estoy a tiempo de comprar lotería", pensé, antes de echarme a temblar por el cambio de compañero de mesa. Pero como una es muy bien "mandá", aparqué momentáneamente la novela de Ibon -pronto volveré con ella, que conste- y comencé a leer la historia de Jorge y Rafa escrita por Tomás. Sinceramente, mi primera impresión fue "¡mira, este chico tiene un estilo tan anticuado*como el mío! Utiliza oraciones largas, adjetivos cuidados, referencias artísticas, filosóficas y literarias..." Pero aún había más: sus personajes hablaban, reflexionaban, actuaban y se relacionaban entre sí de un modo que podrían haber suscrito los míos, punto por punto. Lo gracioso del asunto es que ambas novelas no tienen, a priori, mucho que ver: la suya es una gran historia de amor, y la mía una relación de amistad autodestructiva. Sin embargo, ambas ponen patas arriba la identidad sexual y de género de sus protagonistas, obligándoles a replantearse sus esquemas vitales más básicos. Los argumentos son distintos, pero las tramas que subyacen están claramente unidas. Cuando Tomás y yo hablamos, casi no nos lo podíamos creer: ninguno había leído nada del otro antes de aquél momento, y ambos desconfiábamos de la presentación conjunta... Hasta quedar atrapados por la novela del otro. Por descontado, la presentación fue muy especial. Contamos con la inestimable compañía de Carla Antonelli , el aforo de Lola Bar se completó, y Tomás y yo tuvimos la ocasión de poner en común nuestros puntos de vista sobre todos los temas que hacen tan complementarías a nuestras novelas ... Y que no voy a desvelar aquí, faltaría más.  Sólo decir que me siento muy orgullosa de haber encontrado al bashert de Hollywood Life en Tu otra mitad . ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------------ *No te me ofendas, Tomás, pero los dos sabemos que nuestra forma de escribir no es lo que se "lleva" hoy día, ¿verdad? |
publicado a la(s) 20/09/2010 15:11 por Nuria C. Botey
Bastan dos íes, inglés e internet, para hacer realidad los sueños más prohibidos de cualquier lector fetichista. Al menos, los míos. Cuando tenía dieciséis años hubiera roto mi hucha de cerdito -de verdad, tenía una hucha-cerdito de color rojo- por cruzar dos palabras con Tom Spanbauer, el autor de "El hombre que se enamoró de la luna". Hace menos de un mes, me bastó con una breve búsqueda en internet y una cuenta de correo electrónico para escribirle... Y recibir su respuesta tres días más tarde. Todo empezó cuando, gracias a la contraportada de "Ahora es el momento", descubríque imparte un taller literario en Oregón. Aún resonaban en mis oídos los últimos ecos de su libro, así que en un inconsciente arrebato de fetichismo me lanzé a suplicarle vía hotmail que me admitiese como alumna, porque me moría de ganas -y me sigo muriendo- por aprender a escribir de una forma tan apasionante como la suya Por desgracia, mi petición llevaba aparejado un par de problemillas sin importancia: la distancia y el idioma. Porque no es lo mismo escribir un correo electrónico o un artículo científico en inglés que proponerse aprender una técnica literaria, y mucho menos cuando te separan el Océano Atlántico y miles de kilómetros. ¿Pero sabes una cosa? El fetichismo da alas... O al menos agudiza el ingenio, así que le propuse seguir su curso online, e irle enviando mis textos al traducidos al inglés. Afortunadamente, Spanbauer no sólo es un escritor como un templo, sino un también un tipo realista y encantador, que después de confesarme lo mucho que le halagaba mi interés, descartó la posibilidad del curso online -en sus propias palabras, It's important for me to look into the eyes of my student- ¡aunque no sin antes pedirme disculpas por no animarse a impartir su taller en España! En fin, tendré que volverme autodidacta... pero ahora le admiro todavía más. Mañana mismo empiezo a releer su libro, mientras espero que me envíen la versión inglesa a través de Amazon.com |
publicado a la(s) 20/09/2010 15:09 por Nuria C. Botey
El pasado martes 30 de junio se presentó en la librería madrileña Traficantes de Sueños una breve antología de microrrelatos promovida por el sindicato Solidaridad Obrera, cuyo hilo conductor gira en torno a una temática muy particular: el metro Un metro de trescientas cincuenta palabras incluye todos los relatos que han resultado ganadores en el concurso del mismo nombre que desde el año 2003 lleva convocando este sindicato, con objeto de descubrir la lírica que subyace a algo tan cotidiano como los andenes, los vagones, las taquillas, los pasillos o las estaciones de uno de los medios de transporte público más internacionales del mundo. Y como era de esperar, esta diversidad de escenarios da lugar a historias para todos los gustos: irónicas, nostálgicas, románticas, políticas e incluso sobrenaturales. De hecho, en esta última categoría se enmarca mi relato, "Suburbano", a cuya lectura pública corresponde la imagen que podéis ver a continuación Un metro de trescientas cincuenta palabras se puede adquirir, en tienda o través de internet, en Traficantes de Sueños y LaMalatesta, al precio simbólico de 3 € Por cierto, la exposición que decora las paredes sobre la vida y obra de la poetisa portorriqueña Julia de Burgos me pareció tan interesante (a pesar de su concisión) que no me resisto a poner un par de enlaces sobre la autora: Julia de Burgos, homenaje Julia de Burgos, biografía
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publicado a la(s) 20/09/2010 15:08 por Nuria C. Botey
Cuando acepté la invitación de Sergio Gaut vel Hartman para participar en Grageas, antología de cien microrrelatos de autores de todo el mundo, Chile, Cuba, Israel, España, Croacia, Portugal, Argentina, etc., sabía que no me equivocaba. Lo que no esperaba es que este librito de apenas 120 páginas me permitiera establecer contacto -personal y virtual- con tantos compañeros de aficiones e inquietudes como estoy encontrando.
Para empezar, Sergio -cuya amistad aspiro a llevar más allá del mail algún día de estos-, demostró una vez más su gran poder de convocatoria al conseguir, ¡con sólo un correo electrónico desde el otro lado del océano!, que cuatro mutuos desconocidos como Jose Ángel Barrueco, Marcelo Luján, Santiago Eximeno y servidora nos reuniéramos en una cafetería de Madrid en torno a nuestros respectivos ejemplares deGrageas. No me cansaré de decir que fue un encuentro muy agradable: intercambiamos dedicatorias, charlamos sobre literatura... Pero sobre todo, le pusimos voz y cara a cuatro botones de muestra del centenar que componen la antología. Sin embargo, no acabó ahí la vinculación. Andando el tiempo, otros compañeros de antología como Pablo Giordano, Carlos Barbarito y Miguel Ángel Muñoz se han ido poniendo en contacto conmigo a través de esta misma página web. Pequeños mensajes de correo, saludos, felicitaciones... Vaya desde aquí mi agradecimiento a todos ellos por sus comentarios, a los que lamentablemente aún no he podido corresponder como se merecen por culpa de un problema informático. Y vaya también un enorme saludo a todos los demás autores y autoras de Grageas, a quienes Sergio Gaut vel Hartman convenció con su entusiasmo y su atrevimiento para dar forma a un recopilatorio de utópicas píldoras indescriptibles.
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publicado a la(s) 20/09/2010 15:08 por Nuria C. Botey
Now Is The Hour sólo era una canción de los años sesenta hasta que Tom Spanbauer escogió esas cuatro palabras para dar título a su último libro, traducido aquí -gracias a Dios, a Mondadori y a Aurora Echevarría- como Ahora es el momento. Empecé a leerlo el sábado 29 de julio. Lo retomé el jueves 2 de agosto, y el domingo 5 terminé con sus 526 páginas. Hoy es lunes 6... y creo que voy a comenzarlo de nuevo.
¿Adicción? ¿Obsesión? Tú llámalo como quieras, mientras yo erijo un altar a la Santísima Trinidad: Capote, Auster y Spanbauer. AMEN No te preocupes, que no te voy a contar una palabra del argumento de la novela. Para eso tienes Internet, o los semanarios culturales de cualquier periódico. Lo único que te puedo decir es que Spanbauer ha vuelto a atraparme de pies y manos, exactamente igual que lo hizo con The man who fell in love with the moon -El hombre que se enamoró de la luna- ¿Has suplicado alguna vez ante las últimas páginas de un libro para que la historia termine del único modo que podría hacerte feliz? ¿Has sentido la necesidad de levantar la cabeza cada dos párrafos para decir en voz alta "Dios, qué pedazo de frase"? ¿Has incorporado a tu vocabulario juegos de palabras, ideas y formas de hablar de sus personajes, sintiendo que se te ilumina el gesto con una sonrisa de oreja a oreja cada vez que los pronuncias? Pues extiende esa sensación durante 526 páginas, y disfruta. Deslumbrantemente hermoso El Universo conspira para joderme Fumar es rezar Amé tanto a Dios en ese momento Sin embargo, me veo en la obligación de prevenirte: Spanbauer no es un autor para todos los gustos. Es realidad se necesita un cierto paladar para saborear sus historias -a gamuza y pedernal, tal vez - Y no estoy hablando de un tema estético, o de una filosofía de vida... O quizá sí. A lo mejor basta con unirse al bando de los indios, las putas, los maricas y los mejicanos en lugar de cabalgar junto a John Wayne o Charlton Heston en defensa del rancho, el "american way of life" -padre, madre, dos niños, perro de lanas y mustang del 65-, o la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, para dejarse cautivar por la naturaleza violenta de la Norteamérica profunda y meterte hasta la médula en la historia que se yergue ante tus ojos. |
publicado a la(s) 20/09/2010 15:07 por Nuria C. Botey
Ahora que "Los chicos de la Costa Azul" ya está a la venta en Life (C/ Pelayo, 30, Madrid) y que la promoción se ha puesto en marcha, ésta es sin duda una de las preguntas que más veces he tenido que contestar: ¿y por qué no lo has firmado con tu nombre, en vez de Pablo Castro? Por supuesto, es lógico que la cuestión se repita: no todos los días se cambia una de sexo en la portada de su primer libro. ¿O sí? Pues si preguntamos al oráculo de Google, la respuesta podría ser algo como Todos los días, no, pero hay unas cuantas escritoras españolas que ya lo hicieron antes(pincha aquí, y averígualo con tus propios ojos) ¿Y por qué me he sumado yo al grupo? ¿Por qué Pablo Castro en lugar de Nuria C. Botey? Porque en mi opinión, hay tres cosas de un libro que llaman la atención de sus potenciales lectores: 1) la portada; 2) el título; 3) el nombre de su autor... Lo que nos lleva a la segunda pregunta que todo el mundo me formula en cuanto descubre mi género: ¿por qué escribe novela gay una mujer? Desde luego, esto es mucho más sencillo de responder: porque me da la gana. Porque era una historia que me apetecía contar, y porque además me apetecía hacerlo con esos personajes. No obstante, también es el motivo de que haya decido firmarla con un seudónimo masculino. Me explico -de una vez- Firmar en femenino un libro de temática gay hubiera resultado chocante. Quizá habría llamado más la atención del público... Pero me temo que también habría influido radicalmente en su modo de afrontar la lectura de la novela. ¿A ver qué ha escrito esta chica?, ¿sabrá de lo que está hablando?, ¡cómo se nota que es una tía!, un hombre jamás lo hubiera dicho así... Para bien o para mal, estoy convencida de que mi género habría interferido en la opinión de mis lectores, convirtiéndose en un filtro a la hora de interpretar el argumento, de analizar a los personajes o incluso de apreciar el estilo de la novela... Y como yo no quería que eso sucediera, decidí renunciar a él para quedarme en un discreto segundo plano, que dicho sea de paso, me parece la posición natural de cualquier artista, que debería ganarse la estima de su público a través de sus obras, y no por su vida o sus actos. Por supuesto, si alguien quiere saber quién se esconde tras el anonimato de Pablo Castro... No tiene más que buscar al ganador del XII Premio Pablo Rido de Literatura Fantástica 2003, del XVII Premio Clarín de Cuentos 2004, o simplemente poner en Google "Los chicos de la Costa Azul" y entrar en esta página  |
publicado a la(s) 20/09/2010 15:06 por Nuria C. Botey
Me ha costado siete años, siete, que se dice pronto...
Atrás queda la documentación sobre lugares y épocas, la construcción de personajes, la búsqueda de estructuras lógicas de acción, o las interminables lecturas y correcciones -gracias, mi vida, por tu paciencia y tus sugerencias- Se acabaron las horas delante del teclado, tan productivas unas veces, tan agotadoramente estériles otras. ¿Que si mereció la pena todo ese esfuerzo? Definitivamente, sí. Sin embargo, nunca pensé que "Los chicos de la Costa Azul" se convertiría en mi primer ISBN. Quizá porque todo empezó con un cuento...
Apenas unos días después de defender ante tribunal mi investigación para la obtención del DEA -Diploma de Estudios Avanzados- en junio del 2000, di por terminado un relato que llamé "Costa Azul" en honor a "La Côte Basque", capítulo final de la última e inconclusa novela de Truman Capote, "Plegarias Atendidas". Sólo tenía 35 páginas, pero entonces me parecieron más que suficientes. Meses más tarde comencé a escribir una nueva historia, que desde el principio concebí como novela -y cuyo nombre no voy a desvelar, en consideración al jurado del concurso donde participa en estos momentos-. Trabajé en ella durante cuatro años, en paralelo a mi Tesis Doctoral, hasta que le puse el punto final en las 255 páginas... Y volví a "Costa Azul" En principio lo hice sólo con la idea de integrarla dentro de un libro de relatos, lo mismo que "Ataúdes tallados a mano" dentro de "Música para camaleones" -la sombra de TC es alargada-. Pero a medida que iba releyendo aquellas 35 páginas que cuatro años antes me parecían definitivas, no podía dejar de sentir que la historia estaba sin terminar: había demasiadas elipsis en el argumento, faltaban escenas por desarrollar... Sin embargo, me gustaba mucho el estilo con que estaba escrita, más incluso que el de la que acababa de terminar... Así que me puse manos a la obra. Un año más tarde, "Costa Azul" superaba el centenar de folios, y ya estaba lista para probar suerte en el mercado editorial. Como de costumbre, lo intenté sin éxito en varios premios, hasta que a principio de mayo de 2007 recibí una llamada de Odisea Editorial: habían rescatado el ejemplar que presenté a la octava edición de su propio concurso, y estaban interesados en editarlo. Un mes más tarde, el libro se encuentra en las estanterías de las principales librerías del país -Crisol, Fnac, Casa del Libro, etc-, y yo empiezo a ver cumplidos mis sueños. |
publicado a la(s) 20/09/2010 15:05 por Nuria C. Botey
¿Debe indicar un autor en qué se inspira para escribir? Esta era la pregunta que dejaba caer en la entrada Mamá, ¿de dónde vienen los cuentos?, y vuestras respuestas fueron unánimes
- Sí, es buena idea, porque ofrece un marco de referencia a los lectores.
- Estaría bien, porque así permite situar las historias...
¿Qué más se puede decir? Por lo tanto, si te quedaste con ganas de saber cómo se me ocurrió Oficina de Cambio, en qué pensaba para escribir Mañana, o incluso de qué va exactamente Excursión, ya puedes encontrar una pequeña explicación de su origen en esta web. ¿Dónde? Vuelve a hacer click en los relatos de la sección Botón de Muestra, y encontrarás más detalles debajo de las imágenes que ilustran cada uno de ellos.
Que lo disfrutes.
PD: Se admiten comentarios sobre los comentarios |
publicado a la(s) 20/09/2010 15:04 por Nuria C. Botey
...digo (más o menos) Diego, amig@ mío. Y si sientes curiosidad por saber a qué obedece esta semi-rectificación, no dejes de leer el resto de la entrada. Veo que te has animado, ¿eh? Bien, entonces escucha... Todo empezó cuando al final de El arte del ultracorto, la primera entrada de este blog, se me ocurrió sugerir que alguna teleoperadora de móviles debería convocar un concurso de hiperbreve por escrito en lenguaje sms... ¡Sin saber que Telefónica se me había adelantado!
En efecto, hasta el día 20 de abril de 2007, y en colaboración con la Universidad de Alcalá de Henares, nuestros amigos de la "M" curvilínea mantendrán abierto el plazo de presentación de ejemplares para el II Concurso Literario de Hiperbreves Movistar, cuyas bases completas podéis ver en http://www.movistar.es/hiperbreves/ Sin embargo, a pesar de lo sugerente que resulta el reto de escribir un cuento en 157 caracteres, debo reconocer que los chicos de azul y verde me han decepcionado: ¿por qué no sembrar un poquito de polémica animando a sus usuarios a emplear el lenguaje sms? N 1 lgar d la Mncha d kyo nmbr no kro acordrm... No, no hay valor para escandalizar de semejante forma a los señores de la RAE: los relatos, "escritos en perfecto castellano" ¿O acaso están insinuando que no se admite el uso de vocablos latinoamericanos como "boludo", "chingada" o "zopilote"? Porque a pesar de que las bases especifiquen que el certamen sólo abarca el ámbito nacional, no podemos olvidar que un buen porcentaje de los usuarios de la operadora son población inmigrada de este continente, y tan hispanoparlantes como el que más... ¿O no?
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