Now Is The Hour sólo era una canción de los años sesenta hasta que Tom Spanbauer escogió esas cuatro palabras para dar título a su último libro, traducido aquí -gracias a Dios, a Mondadori y a Aurora Echevarría- como Ahora es el momento. Empecé a leerlo el sábado 29 de julio. Lo retomé el jueves 2 de agosto, y el domingo 5 terminé con sus 526 páginas. Hoy es lunes 6... y creo que voy a comenzarlo de nuevo. ¿Adicción? ¿Obsesión? Tú llámalo como quieras, mientras yo erijo un altar a la Santísima Trinidad: Capote, Auster y Spanbauer. AMEN
No te preocupes, que no te voy a contar una palabra del argumento de la novela. Para eso tienes Internet, o los semanarios culturales de cualquier periódico. Lo único que te puedo decir es que Spanbauer ha vuelto a atraparme de pies y manos, exactamente igual que lo hizo con The man who fell in love with the moon -El hombre que se enamoró de la luna- ¿Has suplicado alguna vez ante las últimas páginas de un libro para que la historia termine del único modo que podría hacerte feliz? ¿Has sentido la necesidad de levantar la cabeza cada dos párrafos para decir en voz alta "Dios, qué pedazo de frase"? ¿Has incorporado a tu vocabulario juegos de palabras, ideas y formas de hablar de sus personajes, sintiendo que se te ilumina el gesto con una sonrisa de oreja a oreja cada vez que los pronuncias? Pues extiende esa sensación durante 526 páginas, y disfruta. Deslumbrantemente hermoso El Universo conspira para joderme Fumar es rezar Amé tanto a Dios en ese momento Sin embargo, me veo en la obligación de prevenirte: Spanbauer no es un autor para todos los gustos. Es realidad se necesita un cierto paladar para saborear sus historias -a gamuza y pedernal, tal vez A lo mejor basta con unirse al bando de los indios, las putas, los maricas y los mejicanos en lugar de cabalgar junto a John Wayne o Charlton Heston en defensa del rancho, el "american way of life" -padre, madre, dos niños, perro de lanas y mustang del 65-, o la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días, para dejarse cautivar por la naturaleza violenta de la Norteamérica profunda y meterte hasta la médula en la historia que se yergue ante tus ojos. |
- Y no estoy hablando de un tema estético, o de una filosofía de vida... O quizá sí.