Bastan dos íes, inglés e internet, para hacer realidad los sueños más prohibidos de cualquier lector fetichista. Al menos, los míos.
Cuando tenía dieciséis años hubiera roto mi hucha de cerdito -de verdad, tenía una hucha-cerdito de color rojo- por cruzar dos palabras con Tom Spanbauer, el autor de "El hombre que se enamoró de la luna". Hace menos de un mes, me bastó con una breve búsqueda en internet y una cuenta de correo electrónico para escribirle... Y recibir su respuesta tres días más tarde. Todo empezó cuando, gracias a la contraportada de "Ahora es el momento", descubríque imparte un taller literario en Oregón. Aún resonaban en mis oídos los últimos ecos de su libro, así que en un inconsciente arrebato de fetichismo me lanzé a suplicarle vía hotmail que me admitiese como alumna, porque me moría de ganas -y me sigo muriendo- por aprender a escribir de una forma tan apasionante como la suya Por desgracia, mi petición llevaba aparejado un par de problemillas sin importancia: la distancia y el idioma. Porque no es lo mismo escribir un correo electrónico o un artículo científico en inglés que proponerse aprender una técnica literaria, y mucho menos cuando te separan el Océano Atlántico y miles de kilómetros. ¿Pero sabes una cosa? El fetichismo da alas... O al menos agudiza el ingenio, así que le propuse seguir su curso online, e irle enviando mis textos al traducidos al inglés. Afortunadamente, Spanbauer no sólo es un escritor como un templo, sino un también un tipo realista y encantador, que después de confesarme lo mucho que le halagaba mi interés, descartó la posibilidad del curso online -en sus propias palabras, It's important for me to look into the eyes of my student- ¡aunque no sin antes pedirme disculpas por no animarse a impartir su taller en España! En fin, tendré que volverme autodidacta... pero ahora le admiro todavía más. Mañana mismo empiezo a releer su libro, mientras espero que me envíen la versión inglesa a través de Amazon.com |