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Arte urbano

publicado a la‎(s)‎ 31 ago. 2015 9:40 por Nuria C. Botey
Me gusta el arte urbano. Admiro los murales de spray que llenan las paredes de vida y me hacen sonreír las provocaciones visuales capaces de convertir las piedras en televisores, los buzones en bostezos o las esquinas en amenazas, como Bansky o Pejac
Pero no es necesario dominar el dibujo para levantar pasiones. O al menos, a mí no me hace falta. Una frase afortunada con una caligrafía más o menos clara y el engranaje de la máquina de inventar historias se pone en movimiento. No en vano la sección de nanorrelatos de mi antología "Mosquitos en tu alcoba" lleva por título"Graffiti en el muro".

Eso fue lo que ocurrió hace un par de días, cuando un amigo de Facebook colgó la siguiente imagen:


Como buena introvertida, me emocionan más los detalles pequeños que las demostraciones grandilocuentes. Siempre me ha parecido más romántico el "me encantaría besarte" junto a la hoguera de My own private Idaho que el momento DiCaprio-Winslet en la proa de Titanic, qué le vamos a hacer. Así se me desata la imaginación con la historia que resume esta pintada.

Le imagino a él, que cambió la Secundaria por el bar de su tío, escribiendo a la luz de la farola la declaración que ella verá por la mañana, camino de la Universidad, donde estudia Derecho o quizá Filosofía. Se conocieron por casualidad en un pub, cuando un amigo del grupo se atrevió a entrarle a su prima en las fiestas del pueblo. La cosa entre el amigo y la prima no cuajó, pero ellos ya llevan cuatro meses juntos. A estas alturas ella sabe identificar un fuera de juego y han visto todas las películas de "Los mercenarios", pero él todavía se duerme cuando ella elige una francesa el día del espectador.

Sin embargo, supo que había metido la pata cuando hizo aquel comentario después de que ella terminase de leer en voz alta el cuento. 

- Un poco cursi, ¿no?

Ella le miró con cara de odio. 

- Es mi escritor favorito.

No dijo más, pero tampoco era necesario. Hasta un chico como él entendía todo lo que encerraban aquellas palabras.

La pintura azul brilla bajo la dura luz blanca de la farola. El sol de la mañana se encargará de mostrar las imperfecciones del aerosol, las zonas donde las letras se decoloran, pero de noche la imagen es soberbia. El repasa su trabajo con esa sonrisa abierta que tanto le gusta a ella, convencido de que entenderá el mensaje sin necesidad de dar más explicaciones. 

Porque no entendió el cuento que tanto le gusta a ella, pero sabe que le quiere por encima de todo.

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