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Inspiración (I)

publicado a la‎(s)‎ 3 may. 2014 15:08 por Nuria C. Botey
¿De dónde sacas esas ideas?

Junto con "¿Qué hay de autobiográfico en tu libro?", probablemente sean las preguntas más formuladas a cualquier escritor. Y si su obra se mueve en el campo de la fantasía, el realismo mágico, el terror o  el erotismo, la interrogación se vuelve todavía más frecuente.

En mi caso, la inspiración nace siempre de las cosas más sencillas: el eslogan de un anuncio, la estrofa de una canción, una noticia del periódico, una conversación oída a hurtadillas en la parada del autobús, el rostro, la ropa o la forma de moverse de un desconocido con quien me cruzo por la calle... Me gusta fantasear con vidas ajenas, retorcer y combinar historias de otros hasta hacerlas mías. Y me gusta compartir el proceso con mis lectores.

Por eso he decidido contarte de dónde surgieron algunos de los relatos de mi más reciente antología, "Vosotros justificáis mi existencia", galardonada por la Asociación Española de Escritores de Terror, Nocte, con el Premio 2013 a la Mejor Antología Nacional. A partir de ahora podrás leer semanalmente cuál fue el proceso creativo que sirvió de germen a cada uno de los doce relatos que componen el libro... Porque para ser escritor no es necesario tener una historia maravillosa que contar, sino saber descubrir la maravilla en cada una de esas pequeñas historias que se desarrollan a nuestro alrededor.

"Vosotros justificáis mi existencia", el cuento que da título a la antología (galardonado con el Premio Clarín de Relato en 2010  por la Asociación de Escritores y Artistas Españoles, AEAE) es un ejemplo claro de esa filosofía, puesto que surge de una de esas noticias que apenas ocupan media columna en el periódico: la detención de un septuagenario en cuya casa se encontró un arsenal de pequeños objetos robados. Mecheros, bolígrafos, gafas de sol, teléfonos móviles... El anciano no iría a prisión por ser mayor de setenta años y carecer de antecedentes, pero incluso la policía se había mostrado sorprendida ante la cantidad de cosas que almacenaba en su domicilio. ¿Cómo resistirse a imaginar a un anciano en plena sustracción de algún cachivache inverosímil, con la adrenalina empapando su frente de sudor y los ojos brillantes por la euforia?

Recuerdo que empecé a escribir el relato acodada en la barra de una cafetería en la calle Arenal de Madrid. No tendría por qué ser un dato relevante, pero de pronto comenzó a sonar "It's my life" de Bon Jovi en el hilo musical del local, y yo supe exactamente cuál debía ser el final del relato.

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