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Literatura en la Facultad de Psicología (I): Reencuentro

publicado a la‎(s)‎ 19 jun. 2014 12:19 por Nuria C. Botey
"Reencuentro" es un relato breve escrito por Arthur C. Clarke e incluido en su antología "El viento del Sol. Relatos de la era espacial" (1972). Probablemente no sea uno de los ejemplos más destacados de su obra, pero tiene una serie de ingredientes excepcionales para servir de apoyo a la docencia en Psicología Social. 

En concreto, yo uso la versión traducida por Alianza Editorial en 1987 para ilustrar de forma práctica los procesos cognitivos básicos implicados en el mantenimiento y la reproducción de estereotipos y prejuicios, tal y como sugiere el manual "Psicología Social: procesos interpersonales",
de Mª Nieves Quiles, Mª Dolores Morera y Ramón Rodríguez Torres (Pirámide, 1998)
El cuento es impecable en su sencillez. Escrito en primera persona del plural, los integrantes de una civilización extraterrestre se ponen en contacto con nosotros para explicarnos poco a poco quiénes son y ofrecernos la cura para una terrible enfermedad que desfigura a los terrícolas desde hace eones. 

[Lamento no ser más explícita, pero cuando se trata de una historia escrita en apenas en una página, cualquier dato extra puede destripar el argumento.]


¿Qué tiene de particular este relato para que lo utilicemos en una clase práctica de Ps. Social? Sin duda alguna, su sorprendente final. Una vuelta de tuerca colosal, que prácticamente obliga al lector a reiniciar al lectura en cuanto llega al punto final para tratar de encontrar la trampa... Pero no hay trampa. Y entonces comprendemos que ha sido nuestra forma de pensar y de interpretar el mundo lo que nos ha hecho entender la historia en clave estereotípica. 

Vayamos por partes.

Los seres humanos utilizamos dos grandes vías para pensar: el pensamiento analítico, lógico y secuencial, y el pensamiento heurístico, basado en atajos mentales y en ejemplos limitados. Ahí es donde entran los estereotipos acerca de los grupos sociales que hacen que, por ejemplo, cerremos el seguro de la puerta del coche cuando un hombre sucio y mal vestido se acerca a pedirnos dinero en un semáforo rojo. Quizá en algún momento esa conducta pueda habernos evitado un susto, pero lo más probable es que estemos actuando de forma prejuiciosa ante un hombre que sólo mendiga unas monedas.

Eso mismo nos ocurre mientras leemos "Reencuentro". Pueblo de la Tierra, no temáis. Venimos en son de paz, comienza diciendo. E inmediatamente, aun sin saber quién fue Arthur C. Clarke, en nuestra memoria se dibuja un puñado de en extraterrestres. Verdes y cabezones, claro que sí, porque esa forma de saludo sólo puede ser propia de una raza alienígena, como bien nos ha enseñado el cine y la literatura de ciencia ficción.

Y en efecto, el relato avanza por esos derroteros... Más o menos. 
Pero no miente. No engaña. Contiene incluso afirmaciones claras que deberían inducirnos a pensar que esos supuestos extraterrestres no son ni tan verdes ni tan cabezones como los estamos imaginando. Sin embargo no lo notamos, porque esas primeras frases han puesto en marcha procesos selectivos de atención, percepción y memoria que nos conducen a ignorar, reinterpretar y recordar sólo aquellos datos que concuerdan con el estereotipo activado.

Por eso mis alumnas (la matrícula en Psicología es eminentemente femenina y me gusta hablar en función del género mayoritario) se sorprenden al terminar de leer. Algunas sonríen, cómo me la ha colado este tío; otras se irritan, venga ya, no puede ser, ¿dónde dice eso?  y otras me miran con gesto expectante y sentencian Pues no he entendido nada, ¿son o no son extraterrestres?. Las hay incluso (y esto es muy bonito) que interpretan la historia completamente al revés de lo que dice. ¿Por qué? Porque el prejuicio siempre tiene un componente valorativo, habitualmente de carácter negativo. Ser prejuiciosos con otros es una forma de hacernos sentir mejor porque nuestro grupo pasa a ocupar una posición de superioridad.... Y precisamente las dos últimas frases del relato de Clarke son un puñetazo en la cara de esa supuesta superioridad, cuando el lector averigua cuál es esa terrible enfermedad, que no mata pero sí desfigura, para la que nos ofrecen cura los lejanos visitantes que regresan en son de paz. 

¿Te has quedado con ganas de leer el texto original del autor británico? No te preocupes, aquí lo tienes, en el blog Documenta Mínima. Pero hazme un favor: cuando termines de leer, párate un momento a pensar en tu reacción. ¿Has necesitado volver al principio del relato? ¿Te fijaste bien en todas las frases durante la primera lectura? ¿Cómo te has sentido al terminar? Y lo que es más importante de todo... ¿De qué trata realmente "Reencuentro"?


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