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Mi curioso 23 de abril

publicado a la‎(s)‎ 30 abr. 2015 13:59 por Nuria C. Botey
Desde que publiqué mi primera novela en 2007"Los chicos de la Costa Azul", siempre me las he ingeniado para firmar en el Día del Libro. Actos organizados por editoriales, invitaciones de librerías con las que tenía algún contacto o eventos colectivos dentro de La Noche de los Libros, cualquier excusa era buena para disfrutar de una tarde entre hojas impresas. Algunos años vendí muchos ejemplares, otros pasaron sin pena ni glora, e incluso hubo algunos de cero patatero.

Sin embargo, el 23 de abril de 2015 era un día especial más allá de lo literario: mi hijo pequeño cumplía su segundo mes de vida, y eso no es algo que pase todos los años. Como semejante personaje no estaba todavía en condiciones de acompañar a su mamá a ningún sarao de blanco sobre negro, hice mis compras rituales vía web (la novela "Talco y bronce" de Montero Glez y el cómic "El tesorero" de Francisco Ibáñez, para quien pueda interesar) y me dispuse a celebrar la fecha entre pañales, tetas y biberones. 

Sin embargo, ironías de la vida, en este San Jordi tan poco literario disfruté de esa experiencias que nos alegra la vida a los escritores: conocer a un lector entusiasmado con tu obra. 

Como no podía ser de otro modo dada mi reclusión social, el encuentro fue gracias a la red del señor Zuckerberg, gracias la inestimable mediación de Javier Quevedo Puchal, a quien deberías conocer por ser el autor de "Cuerpos descosidos", "Lo que sueñan los insectos" o "El manjar inmundo".

Se debatía en su muro un interesante artículo sobre la invisibilidad de los actores homosexuales en Hollywood. Yo hice un comentario irónico sin incluir (mea culpa) ninguna clave que permitiera captar el matiz a quien no me conociera de antemano. Lógicamente, uno de sus contactos entró a rebatir mi opinión y entonces Javier tuvo la cortesía de revelar que yo había escrito dos novelas homoeróticas bajo el seudónimo de Pablo Castro.

Lo que ni mucho menos esperaba es que su contacto no sólo conociera a "Pablo", sino que hubiera leído "Los chicos de la Costa Azul" apenas un año después de su publicación... ¡Y que le hubiese gustado tanto! Quid pro quo, él tampoco imaginó jamás que Pablo Castro fuese en realidad una mujer heterosexual, casada y con dos hijos.

El final de la historia es tal y como imaginas: ahora tengo un nuevo amigo en Facebook. Estamos empezando a conocernos, pero ya se ha interesado por "Hollywood Life", mi segunda novela. Por mi parte, yo he prometido presentarle al auténtico Pablo Castro en cuanto tengamos ocasión de coincidir en algún acto literario.

Quién sabe, quizá incluso le revele el nombre de mi cirujano plástico.
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