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¿Para qué sirve la lectura?

publicado a la‎(s)‎ 22 may. 2014 16:16 por Nuria C. Botey   [ actualizado el 24 may. 2014 3:03 ]
Leer es un acto comunicativo peculiar, dado que exige al lector (o lectora) aceptar el universo donde la autora (o autor) del texto le propone sumergirse. La trama, los personajes, los conflictos... Pero también los usos y costumbres, los valores o las normas que imperan en el escenario donde transcurre la historia. Sobre todo cuando lo que se lee es ficción narrativa. 

Es por este motivo que la literatura, el cine o la música son considerados medios de comunicación de masas indirectos, pues si bien su función principal no es la transmisión de información, nadie puede negar que difunden actitudes, opiniones, valores y reglas sociales a conciencia. Como sugiere Toni Curtis en el documental "El celuloide oculto", gracias a Hollywood hemos aprendido cómo debemos comportarnos en la primera cita, qué hacer en un restaurante de lujo o cómo hablan, piensan o expresan sus emociones hombres y mujeres. 

Queda claro que los medios nos enseñan a actuar en sociedad. ¿Pero qué más nos aportan? ¿Qué funciones cumplen en la satisfacción de necesidades de la audiencia? ¿Para qué sirve leer un libro, más allá de conocer los vaivenes que atraviesan sus personajes? Uno de los modelos teóricos más aceptados para dar respuesta a estas preguntas es la perspectiva funcionalista de Katz, Gurevitch y Haas (1973), compuesta por cinco funciones:

1º. Función cognoscitiva: los medios de comunicación de masas nos ofrecen un marco de referencia para organizar la información. 

Cuando leemos una buena novela de piratas, no sólo nos adentramos en la historia que nos cuenta. También aprendemos nuevos datos acerca de aparejos marineros, armamento naval, rutas de navegación, política internacional en el siglo XVII e incluso estructura social de las islas caribeñas. Esa información enriquece nuestra forma de ver el mundo. Posiblemente nos haga mirar con otros ojos cualquier noticia actual sobre Haití o Santo Domingo mientras nos dure la lectura del libro y seamos capaces de aportar datos interesantes sobre la piratería moderna en aguas próximas a la costa africana. O sobre la conquista del espacio. O sobre catedrales góticas, qué más da.

2º. Función afectivo-estética:  los medios nos ofrecen refuerzos estéticos y emotivos. 

Leemos historias, pero no nos maravillamos sólo con lo que su creador nos cuenta, sino también con la forma en que lo hace. Nos gustan los libros que nos emocionan, aunque esas emociones sean tan negativas como el terror o la tragedia. El escritor británico E.F. Benson afirmaba que el miedo es la más absorbente de las emociones, porque cuando sentimos miedo no podemos sentir nada más. Es decir, leemos porque queremos trascender la realidad que nos rodea y vivir vidas más felices, más atribuladas, más inquietantes, más sorprendentes, más absurdas... Más intensas, en definitiva. Aunque en ocasiones nos hagan arrugar la nariz por la sordidez que las rodea, si eso es lo que buscamos.

3º. Función egodefensiva: los medios de comunicación de masas nos transmiten seguridad y estatus, protegen nuestra autoestima. 

La literatura de ficción es algo que les sucede a otros. Por mucho que nos metamos en un libro, la historia que se nos narra en él es algo externo al lector. No podemos ser Bastian Baltasar Buck, el niño de "La Historia Interminable", por mucho que lo deseemos. 

Pero es que ni siquiera lo deseamos. La ficción nos permite asistir desde un plano superior a las aventuras y desventuras de los protagonistas de los libros que leemos. Si nos sentimos agobiados con las tragedias que les suceden, tenemos la potestad de cerrar el libro y volver a nuestra confortable rutina cotidiana. Basta con juntar las tapas o apretar el botón de off del reader para acabar con las intrigas palaciegas, las infidelidades, los asesinatos o las epidemias. 






4º. Función de integración social:  los medios de comunicación sirven para reforzar los contactos interpersonales.

Compartir un libro con las personas que aprecias es un verdadero placer. No hace falta que hablemos de bestsellers como "Juego de tronos", "Cincuenta sombras de Gray", "Los juegos del hambre", "Crepúsculo", "Harry Potter" o incluso "El señor de los anillos": si una obra de ficción se pone de moda en tu entorno, es probable que te sientas muy mal si aún no la has leído y tus amigos se ponen a hablar de ella. Te perderás chistes privados y no podrás participar en apasionadas discusiones sobre cuál debería ser el desenlace final de la historia. Tú verás...

5º. Función de evasión:  los medios de comunicación de masas ofrecen relajación y distensión.

Dejamos para el final la función más evidente de la literatura de ficción: leemos como forma de evasión. Nos permite conocer nuevos mundos, personas interesantes, criaturas inexistentes, relaciones apasionadas. Vivimos mil vidas a través de un buen libro, nos encontramos ante dilemas a los que probablemente nunca nos tocará hacer frente en la mal llamada "vida real" (¿o acaso no sentimos como reales las historias de muchos libros?). Leer nos abstrae de la rutina, nos evade de los problemas, nos transporta a otras realidades. Es la forma más barata, cómoda y relajada de viajar en el espacio y el tiempo. 

Piensa un momento en tu novela favorita. ¿Qué pudiste encontrar en ella? ¿Qué ibas buscando cuando abriste sus páginas por primera vez? ¿En qué términos se la recomendaste a un buen amigo? "Es muy emocionante", "vas a pasar un gran rato", "he aprendido mogollón sobre XXXXX con ella", "tiene unos diálogos impresionantes", "la historia de amor es preciosa"... 

No estamos inventando la rueda. De un modo u otro, los que amamos los libros sabemos que la lectura aporta muchas experiencias distintas a nuestra vida. Espero que este artículo te haya ayudado a ponerles nombre.


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