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Yennork, los hombres-lobo de Terry Pratchett

publicado a la‎(s)‎ 20 abr. 2014 15:04 por Nuria C. Botey   [ actualizado el 18 may. 2014 13:00 ]

El ocho de abril de 2014 se celebró por primera vez el Día Internacional de Sir Terry Pratchett. La iniciativa ha partido de la Feria del Libro de Londres y no sabemos si tendrá continuidad en años venideros, pero parece que el objetivo es que así sea. Estaremos al tanto.


Mientras esperamos a ver qué sucede en 2015, he decido saldar una cuenta pendiente con escritor británico. Vayan por delante las disculpas para sus legiones de fans, pues no soy ni mucho menos entendida en la obra del autor. Llegué a él siendo ya una mujer adulta gracias a la colección de su obra que atesora mi marido, pero me gusta pensar que "nunca es tarde si la dicha es buena". Y con Sir Terry, suele serlo casi siempre.


Así pues, no voy a hablar aquí de mi libro favorito ni de sus personajes más carismáticos. Ni siquiera de lo identificada que me siento cuando leo algo sobre las luchas de poder entre los magos de la Universidad Invisible, no: voy a hablar de los yennork.


Pratchett inventa el concepto en su libro "El quinto elefante" (The Fifth Elephant", en la versión original), vigésimo cuarta novela del universo Mundodisco según Wikipedia, donde Sir Samuel Vimes, Duque de Ankh-Morpork y Comandante de la Guardia de la Ciudad, es enviado como embajador a Überwald para asistir a la coronación del nuevo Bajo Rey de todos los enanos.




Líbrenme los Hermanos Grimm de destripar aquí el argumento de este libro, un auténtico homenaje a las historias de terror del cine clásico cuajado de intrigas palaciegas, vampiros manipuladores, licántropos embrutecidos, Igors descosidos y enanos ambiciosos. No es el objeto de este post. Su objeto, como dije, es reivindicar la idea del yennork.


Angua von Überwald, miembro de la Guardia de la Ciudad, novia del Capitán Zanahoria y mujer loba con temperamento donde las haya, está inquieta con este viaje. No en vano para ella significa regresar a su casa, hacia la que no guarda los mejores sentimientos del mundo por culpa, entre otras cosas, de una terrible rivalidad fraterna. Pero dejemos que sea ella quien lo explique:


[Angua] - Mi hermano Wolfgang es algo especial [...] Expulsó a mi otro hermano y mató a mi hermana.

[Zanahoria] - ¿Qué?

[A] - Él dijo que había sido un accidente. Pobrecita Elsa. Era una yennork, igual que Andrei. O sea, un hombre lobo que no cambia, ¿sabes? Estoy segura de que te lo he mencionado alguna vez. De vez en cuando aparecen en nuestra familia. Wolfgang y yo fuimos los únicos dimórficos clásicos de la camada. Elsa tenía siempre forma humana, hasta con luna llena. Andrei siempre era un lobo.

[Z] - ¿Quieres decir que tenías una hermana humana y un hermano lobo?

[A] - No, Zanahoria. Los dos eran hombres lobo. Pero el, bueno, el pequeño... interruptor... que tenían dentro no funcionaba. ¿Lo entiendes? Siempre tenían la misma forma. 


A partir de aquí, Angua explica los motivos que llevaron a su hermano Wolfgang a eliminar a Elsa. Todo podría quedar en una anécdota, una variación curiosa de la idea tradicional del licántropo, bien hilvanada pero sin mayor sustancia. Podría quedar así, pero Pratchett no da puntada sin hilo. Y en las dos líneas que utiliza para cerrar la intervención de Angua, lanza un dardo envenenado que sale de la ficción para clavarse directamente en la crónica de sucesos de cualquier telediario de media tarde.


[A] - Los yennorks pueden ser todo el tiempo humanos o lobos, pero siguen llevando la sangre de hombre lobo, y entonces se casan y tienen hijos... o cachorros... y bueno, de ahí vienen los monstruos de los cuentosLa gente que tiene un poco de lobo, y los lobos con ese poquito más de capacidad para la violencia tan típica de los humanos.


¿Cuántas veces nos estremecemos al leer la crónica negra de un diario? ¿Cuántas veces apartamos la mirada con horror de la pantalla mientras comemos, para preguntarnos cómo es posible que una madre maltrate así sus hijos, que un soldado torture así a sus prisioneros, que un marido asesine de ese modo a su esposa?


Las Ciencias buscan explicaciones biológicas, químicas, psicológicas, sociales, culturales e incluso filosóficas estos llamados comportamientos "inhumanos". Aquí tenemos la propuesta de Sir Terry Pratchett desde la literatura y la fantasía para tratar de entender esa parte incomprensible de nuestra especie... Y yo me quito el sombrero ante su capacidad de sugerencia y de síntesis.


"Gente que tiene un poco de lobo, lobo con la capacidad para la violencia de los humanos"

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