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La Muerte y la doncella

publicado a la‎(s)‎ 21 jun. 2015 16:41 por Nuria C. Botey   [ actualizado el 4 oct. 2015 15:23 ]
Cinco versiones a partir de la ilustración de Enamorte



La Muerte y la doncella (I)
- Explícamelo de nuevo, por favor -rogó la Muerte- No consigo entenderlo...
Paciente, la doncella se dispuso a narrar por tercera vez cada uno de los escalofríos que provoca el primer beso.


La Muerte y la doncella (II)
- Ahá. Veo la escalera más allá de la puerta, sí. ¿De verdad que ahí arriba me espera mi abuelita? Parece muy oscuro y ella sabe que no me gusta la oscuridad...
- No temas, querida. Yo seguiré tus pasos con una vela encendida -prometió la Muerte, incapaz de confesar ante la doncella que no encontraría luz alguna al otro lado de la vida.


La Muerte y la doncella (III)
- Es imposible que no le recuerdes -insistió la doncella- Tiene el pelo negro como la noche y los ojos oscuros, rebosantes de pasión. Su sonrisa es despreocupada, pero sus abrazos son cálidos como la brisa de los primeros días de verano. Te lo llevaste de unas fiebres hace seis meses, durante su viaje al Nuevo Mundo. Mira, aquí lo dice, en esta carta firmada por un sacerdote español. Por eso he bebido el veneno, porque ya no aguanto un solo día más sin su cuerpo a mi lado...

La Muerte lucha en vano por hacer memoria. Repasa los últimos rostros que arrancó de entre los vivos, pero ni uno solo encaja con los rasgos descritos. En su poderosa omnipresencia, dedica un instante a buscar al joven entre el catálogo de hombres que aún no se ha enfrentado al filo de su guadaña... Y lo descubre, por fin, ebrio de ron entre los brazos de una hermosa prostituta antillana.

- ¿Lo ves? ¿Ya te acuerdas?

- Sí... Sí, tienes razón, niña. Está aquí, conmigo. Esperándote.



La Muerte y la doncella (IV)
- Estooooo...

- ¿Sí?

- Puesss...

- ¿A-ha?

La Muerte estaba confusa. Esperaba una niña asustada. Una niña temblorosa que suplicara por favor treinta o cuarenta años más de vida. Una niñita cándida que implorase un tiempo extra para experimentar el amor y el placer en sus propias carnes.

- ¿Entonces, qué? -insistió la doncella- ¿Podré tener yo también unas enormes alas de plumas negras cuando llegue arriba de la escalera?

La Muerte y la doncella (V)
- Miénteme.

- ¿Qué?

- Miénteme, por favor -suplicó la doncella- Dime que no hará frío. Dime que florecerán los almendros en primavera. Dime que habrá algo parecido a un cielo sobre mi cabeza y que en él brillarán las estrellas. 

- ¿Cómo?

- Está bien, no me mientas. Cuéntame la verdad sobre lo que me espera al otro lado. Háblame del frío, de la soledad, del vacío... Pero jura que me echarán de menos aquí abajo. Dime que alguien llorará por mí cuando me marche, porque necesito creer en algo bello mientras me llevas -admitió por fin la niña en un susurro.

La Muerte, desconcertada, solo supo guardar silencio mientras blandía su guadaña.
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