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Una brillante ejecución

publicado a la‎(s)‎ 21 jun. 2015 16:50 por Nuria C. Botey   [ actualizado el 4 oct. 2015 15:05 ]

Monsier Lefantou, dueño del teatro, estaba inquieto. 

No por la recaudación en taquilla, que era inmejorable. Y tampoco por el aforo, ruidoso y soez como de costumbre. Lo que le preocupaba era no saber nada de la obra.

¿Por qué Françoise Maurais, el director y actor principal, había puesto tanto empeño en ocultar el texto? Sin ensayos ni libreto para el joven Guillaume Sardeux, su compañero de función, todo quedaba a la improvisación del momento. Ahora la platea rugía ávida de sangre y horror, y él compartía su incertidumbre.

En cuanto se abrió el telón, todo sucedió muy deprisa. Maurais interpretaba a un peluquero y Sardeux a su cliente. Con ojos febriles, el primero sentó al segundo en una silla de barbero, le amarró las muñecas a los brazos del asiento y sacó una navaja afilada del bolsillo de su bata.

Sin apenas intercambio de frases, la sangre salpicó a las primeras filas cuando la hoja saltó de la mejilla al párpado y del párpado a la oreja del joven actor. Guillaume bordaba su papel de víctima, desgañitándose como un cerdo en el matadero.

El público chillaba enardecido. Un hombre vomitó en el pasillo. Una mujer gorda se desmayó encima del tipo sudoroso que la acompañaba.

Monsier Lefantou sonrió complacido antes de fijarse en aquella chiquilla que contemplaba la escena con entusiasmo. Su mirada irradiaba placer, sus puños prietos contra las mejillas sugerían la emoción contenida de quien disfruta con lo que ve.

Le costó reconocer a la hija menor de Maurais detrás de aquel rostro ojeroso y demacrado, de aquel vientre hinchado por preñez. La bonita Nicole Maurais, a quien Sardeux había cortejado meses atrás...

El dueño del teatro comprendió el alcance de lo que estaba viendo como para poder evitar que Françoise Maurais pusiera punto final a la obra rajando de oreja a oreja el cuello al actor que había deshonrado a su hija, mientras el público pateaba el suelo, silbaba y aplaudía festejando el espectáculo de la muerte. 


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